Tú lija y olvida

27 de noviembre de 2012

 

Foto: Picapino

Últimamente me trago bastantes dibujos animados. Son inevitables porque los hijos de una, cuando dejan de ser una entelequia y se convierten en reales después del parto, son como los simples mortales y les gusta la tele. A Mauela le encanta Peppa Pig y no hay discusión que valga. En español, que lo que quieres es divertirse y no aprender idiomas. No parece dispuesta a ceder y tampoco se hunde el mundo por ello. Punset le daría mucha más cultura, pero no hay que subestimar los mensajes subliminales que se encierran detrás de esta cerda animada (por favor, no me entendáis mal, es que Peppa es una cerdita con familia unida y estructurada apoyándola).

Al principio no hacía mucho caso al capítulo, pero ahora reconozco que son casi como una droga. Un bálsamo relajante después de las cenas. Dos capítulos y ya, ese es el trato y el tiempo necesario para efectuarme una completa lobotomía. Así que me siento con ella y veo la tele con ella. Y he de reconocer que me gusta. No la historia, ni el personaje ni nada de eso (de hecho, Peppa me parece insoportable). Lo que me fascina es lo fácil que es el mundo en los dibujos animados. Tanto que ahora mis referentes en cuanto a mi ideal de familia armonizada es el clan Pig al completo. Ahí nadie levanta la voz, las sábanas no se arrugan nunca, los niños lloran solo milisegundos, juegan solos y se divierten (¡el otro día los padres leían en el sofá mientras los hijos jugaban al escondite!), van a la guardería  se divierten todo el rato desde el primer día, los filetes no tienen nervios y las botas te las pones y te las quitas sin agacharte. Y la familia se lo pasa guay junta todo el rato y siempre se ríen un montón. ¿Qué estamos haciendo mal Javi y yo?

El mundo de la carpintería es precioso, pero tampoco es ideal. Por eso Javi está hoy lijando el completo la estantería de Tony y Elena para llevarla al lacador. Aaaaaamigo, eso es un puro rollo. La mano te vibra y te hace cosquillas y se traga polvo que no veas. Pero es necesario y por eso no podemos saltarnos este paso. Lo bueno que tiene es que luego se te olvida y cuando el riego sanguíneo te vuelve a la mano, ya estás deseando empezar con otro proyecto. Y si alguien te habla de lija cuando vas a montar ya el mueble lacado y ves la cara de satisfacción de los clientes le preguntas, ¿lija? ¿qué lija?

 

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