El perchero, Ana Valenciano y el roto de la pared

27 de febrero de 2013

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Fotos: Picapino (se hace lo que se puede)

¿Para qué nos sirve a la familia picapiniana tener un hermoso armario ropero en la entrada de casa? Pues para guardar en él los zapatos y abrigos que NO nos ponemos y dejar los que SÍ usamos tirados encima de la mesa del comedor cada vez que entramos por la puerta. Obvio. Para eso están los armarios roperos y las mesas de comedor.

Así que un día, paseando Javi y yo por las calles de Madrid con la pequeña Pelotilla correteando por las aceras, entramos en una tienda chulísima llamada Víctimas del celuloide (no vayas si tu VISA no aguanta tu debilidad porque yo al menos me la habría llevado entera) donde nos estaban esperando estos percheros que os enseño en las fotos. Todos los caminos llevan a Roma y todos los designios de la vida te llevan a encontrarte, tarde o temprano, con tus necesidades básicas. Los dos coincidimos en que nos encantaban, que los necesitábamos, que nos merecíamos un lujo y que, pese a que son de madera, hasta que no nos compremos nuestro ansiado torno para hacer experimentos cuando además de comer el negocio nos de para invertir, no los podíamos hacer así de bonitos en el taller. Somos carpinteros, pero no unos flipados. Y las tiendas, si son de barrio, están para algo, ¿no?

Así que dos para nosotros en la parte de arriba y dos para Manuela en la parte de abajo. Ella eligió los colores que quería y cada día que entra, deja su abrigo en su percha, junto a su bolso, la mochila, el gorro, el abrigo de su muñeca Vera, el paraguas… Ha entendido que un colgador es para colgar cosas. Y nosotros, intentamos aprender de ella  y hacero también.

El cuadro de la pared, complemento perfecto para nuestro perchero que os he fotografiado de cerca, es de la maravillosa artista Ana Valenciano. ¡Me encanta! Os recomienod que le echéis un ojo a las cosas que hace y estéis al loro de sus exposiciones. Me lo váis a agradecer.

El roto de la pared es fruto de un ataque de ira de nuestra hija que dio un portazo a la inversa un día de frío invierno. Mala combinación la del pladur y el cabreo monumental que llevaba… Hoy en día, hay un taco puesto para que frene la puerta antes de que el picaporte llegue a la pared y ya no le mola tanto…

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